"El Artista Volvió a Tener Los Ojos Adolescentes y se Encantó Nuevamente com La Vida"

La bella afirmación que acabamos de reproducir, forma parte del
manifiesto que el grupo "Festa" - encabezado, como hemos dicho, 
por Tasso da Silveira y Andrade Muricy - estampó 
en el primer número de su revista. Tiene gran importancia en el 
estudio de la nueva poesía brasileña, porque en él está como 
condensado y coordinado lo más trascendente, vital y duradero
de las luchas que la juventud brasileña, en norte y sur, emprendió
en su afán renovador.
Por eso, transcribiremos integramente ese manifesto, advirtiendo
que su traducción española pertenece al poeta y ensaista paraguayo
Leopoldo Ramos Giménez. 
Helo aquí:

"Nosotros tenemos una visión clara de esta hora.
Sabemos que es de tumulto y de incertitumbre.
Es de confusión de valores
y de vitctoria del arribismo
y de grandes amenazas para el hombre.
Pero sabemos también que no es ésta la primera
hora de inquietud y de agonia
que vive la humanidad.
La humanidad danza sua danza eterna
en un viejo ritmo de dos tiempos.
Cuando todas las fuerzas interiores
se equilibram, los gestos son luminosamente
serenos.
Y lo que en esos gestos parecía un
esplendor supremo de belleza o de 
verdad no era sino 
un efímero momento.
Es cuando salen a flor, de las profundidades
del ser ímpetos bruscos e imprevistos,
que traen la insatisfacción, 
la angústia, la fiebre, y quiebran los compases
armoniosos, y hacen pensar, a los que se 
olvidaran de Dios,
que todo está perdido.

Y ...  en todo eso no hay sino ondas 
desconocidas de energía para la
creacción de un equilibrio nuevo y de otra
más alta serenidad.

Nosotros tenemos la comprensión nítida
de este momento.
De este momento en el mundo
y de este momento en el Brasil.
Vemos allá fuera o aquí dentro el rodar
de los sentimientos
en torbellino trágico.
Y de las embestidas reinvindicadoras de los
apetitos que se disfrazaban  y ahora se
desencadenan en furia.
Y oímos el suspiro de alivio
de la mediocridad finalmente desoprimida:
de la mediocridad, que aprovechando 
el desequilibrio de un instante, alzo también su voz en falsete
y llenó el aire de gestos desarticulados
y se proclamó vencedora en la ingenua ilusión de que 
las barreras que la contenían cayeron para siempre.
Pero vemos igualmente los espíritus legítimos en su puesto,
inmutables.
y sentimos la flor del suelo el frémito de las corrientes 
subterráneas, de fuerza viva, que serán por la sabiduría 
divina en la hora próxima de las construcciones admirables.
Y entregamos el oído al llamado de alerta de las sentinas
perdidas. Nosotros tenemos la comprensión nítida de este
momento. 
El arte es siempre el primero que habla para anunciar
lo que vendrá.
El arte de este momento es un canto de alegría, una reiniciación
de la esperanza, una promesa de esplendor.
Pasó el profundo desconsuelo romántico.
Pasó el estéril escepticismo parnasiano.
Pasó la angustia de las incertitumbres simbolistas.
El artista canta ahora la realidad total: la del cuerpo
yla del espíritu,
la de la naturaleza y la del sueño,
la del hombre y la de Dios.
Y la canta, porque la percibe y comprende en toda 
su múltipla belleza,
en su profundidad e infinitud.
Y por eso su canto está hecho de inteligência y de 
instinto - porque también débe ser total - y está hecho 
de ritmos libres
elásticos y ágiles como músculos de atletas, veloces
y altos como sutilíssimos pensamientos.
Y, sobre todo, palpitantes
del triunfo interior 
que nace de las adivinaciones maravillosas...
El arte volvió a tener los ojos adolescentes
y se encantó nuevamente con la vida:
"TODOS LOS HOMBRES LO ACOMPAÑARÁN".



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